jueves, 27 de septiembre de 2012

EEUU 2012 (16ª PARTE)


DÍA 16. 26 DE SEPTIEMBRE. NUEVA YORK

El día de hoy, para variar, ha sido también agotador. Antes de las 8 ya estábamos en pie, y para las 9:20 callejeando por Manhattan. Nuestra primera visita, rumbo a Central Park, hacia el norte esta vez, ha sido en la juguetería de Fao, donde hemos podido tocar con los pies aquel famoso piano enorme que Tom Hanks tocaba en el clásico Big, big, big, película con la que muchos crecimos. Lo único que te piden es que te descalces, pero hay que hacer cola, sobre todo si te encuentras a algún niño, como nosotros, que no se quiere ir. La juguetería está llena de cosas curiosas, incluso los empleados te hacen demostraciones muy sorprendentes.
Seguidamente hemos ido a conocer el enorme Central Park, con decenas de hectáreas de zona verde e instalaciones deportivas, y con muchísimos neoyorquinos ejercitándose por allá. Nosotros, para adelantar tiempo, lo hemos hecho en bici, ya que el alquiler lo teníamos incluido con el NY Pass para 3 horas, y las bicis se recogen muy cerca. Eso sí, para la hora y media ya nos habíamos cansado, y es que hay cuestas durillas por el camino y también muchas cosas que hacer por la ciudad.
Hemos hecho algunas paradas para fotografiarnos, en la reserva de Jacqueline Kennedy o en el mosaico que hay de homenaje a John Lennon a pocos metros de donde lo mataron, en la puerta del edificio Dakota, su casa. Tras devolver las bicis, hemos seguido andando hacia el norte, en dirección a nuestro siguiente destino, el Museo Metropolitano, el más visitado de Nueva York. Hemos parado a comer algo por el camino, y antes de llegar al museo, sorpresa. Había un montón de fotógrafos y seguridad en la puerta de un hotel, nos hemos quedado mirando, y en ese instante sale hacia su coche Bill Clinton, el ex presidente. ¡Pues si que hay famosos por NY! Mj dice que a la mañana ha visto también al protagonista de Cariño, he encogido a los niños…, yo no me he fijado, así que no lo puedo asegurar.

Enseguida hemos llegado al Metropolitano, cuya fachada ya impresiona. Y por dentro es espectacular, aunque necesitas una semana para poder ver bien todas las colecciones. Nosotros solo hemos estado dos horas, porque estábamos ya fundidos. Pero hay tantas cosas espectaculares que a los 10 minutos ya ni las valoras, joyas de los imperios griego y romano, de Egipto, medievales, armas y armaduras, obras de arte de Europa, Oceanía, y América… y en el segundo piso, un tanto de lo mismo, además de cuadros de algunos de los mejores pintores europeos de los últimos siglos: Rembrandt, Rubens, Goya, Murillo, Zurbarán, esculturas de Giacometti, y tampoco faltaba Picasso por allá.
Lástima no tener más tiempo y no estar más frescos, porque lo que hay allá es digno de admiración. Estábamos tan cansados que ni siquiera hemos ido hacia Harlem a probar suerte en alguna de las iglesias que, además de los domingos, también los miércoles celebran misas de gospel. Así tenemos excusa para volver otra vez…
Con las piernas ya rotas, hemos decidido comprar la tarjeta pay-per-ride del metro, e ir desde la calle 86 hasta la 42 en un voleo (cada viaje cuesta 2,25 dólares y la hemos rellenado con 20). De paso, hemos parado junto a la estación Grand Central, otra obra arquitectónica de NY que merece mucho la pena.
Ya no teníamos ganas de andar nada, así que hemos vuelto a Times Square, ya que hay unas ventanillas, la empresa se llama TKTS, donde todos los días venden entradas de musicales para ese mismo día con descuentos muy grandes. Suele estar llenas de turistas, y recomiendan ir a las 3.00, cuando abren. Pero eran casi las 6.00. Nos hemos acercado a ver lo que había, y hemos tenido suerte, había como 15 obras con descuentos. De las más conocidas estaban El fantasma de la Ópera, Evita, Mamma Mía y Mary Poppins, esta con un descuento del 50% (de 120 a 60 dólares, unos 48 euros), así que la hemos elegido. Aunque había otras con el mismo descuento, esta empezaba a las 7.00 en el teatro Nuevo Amsterdam de Broadway, muy cerca, así que nos venía genial y además nos sabemos la historia jeje
Parecía que la sala no se iba a llenar, pero sí, y el teatro era una joya del diseño. La obras, los artistas, sus bailes y música, han estado genial, nos hemos quedado sin palabras, prendados de nuestro primer musical en Broadway. Suele ser lo habitual entre todos los que vamos por primera vez, pero es que el algo que hay que ver, yo diría que una de las cosas más imprescindibles en las visitas a la ciudad. Un diez por el musical.

Ha durado unas 2 horas y media, con un parón de 15 minutos entre medio, pero nos ha dado el tiempo suficiente para en tres minutos llegar a Port Authority y coger el bus de vuelta al hotel, al que hemos llegado en menos de quince minutos con pocas ganas de nada, solo de echar un bocado y de irnos a dormir. Todavía quedan dos jornadas maratonianas en la sorprendente ciudad que nunca duerme. 

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