sábado, 4 de septiembre de 2010

ASIA 2010 (14ª PARTE)

DÍA 14. 4 DE SEPTIEMBRE. SINGAPUR

Hoy no hemos madrugado mucho, a las 9.30, con intención de hacer alguna de las mucha actividades que aquí se ofrecen, desde safaris, a zoo, mini crucero o subir a la Flyer, la famosa noria que es visible desde muchos sitios de la ciudad. Tras desayunar en un Seven Eleven (qué bien vienen de vez en cuando), nos hemos ido pateando hacia el centro de la ciudad. Hemos bordeado una de las lagunas que hay y, al final, hemos llegado a la zona de la Marina, donde está la noria. Tras dudar un poco, hemos decidido subirnos, y la verdad es que merece la pena (dura media hora la visita y cuesta unos 18 euros por persona).


Las vistas son espectaculares y dentro de las 28 cabinas que hay (son como una habitación cerrada con todo cristaleras) se puede cenar, incluso. Para que os hagáis una idea, no es una noria convencional, sino que tarda los 30 minutos en dar una vuelta, todo muy despacio y te permite divisar gran parte de Singapur mientras con un aparato portátil te van contando la historia, eso sí, como mucho en inglés.


A la vez que hemos comprado los tickets de la noria en el mismo recinto donde te montas, hemos comprado otros por 12 euros que te permiten coger los famoso turibuses (aquí no sé cómo se llaman) que te permiten ver casi todas las cosas más turísticas desde el autocar pudiendo bajarte en las diferentes paradas establecidas e ir cogiendo esos mismos autobuses cada media hora hasta las 9 de la noche. Así, hemos visto, además de muchas cosas que visitamos ayer, Chinatown, Little India, los Jardines Botánicos, el hotel más alto de la ciudad, etc. Primero hemos dado la vuelta corta, de 45 minutos, y luego, después de comer, la larga, de una hora, aunque hay muchas opciones, incluso para ir para el agua.

Más tarde, por curiosidad, hemos querido ver desde el abajo el súper hotel del barco y hemos entrado en el centro comercial gigante que hay justo enfrente, con únicamente tiendas de primerísimas marcas e incluso con un pequeño lago artificial dentro en el que puedes moverte con barca y un gran casino. Además, estaban promocionando el Gran Premio de Fórmula 1, regalaban postales y había un simulador montado dentro del coche de Williams. Al que consiguiera el mejor tiempo, le regalaban dos entradas para ver la carrera, todo gratis.


Después hemos tomado un refresco, ya que aunque no hay sol por aquí, el calor y la humedad te hacen romper de sudor enseguida y acabas extasiado, es una pasada. Para las 20.00 horas, después de regresar a ver la bahía y comprobar que aquí todos los edificios se hacen a lo grande, ya estábamos en el hotel. Ha merecido la pena la escapada a Singapur, donde siguen construyendo moles de cemento con divertidos y curiosos diseños, como un campo de fútbol construido sobre la laguna, justo enfrente del hotel del barco en la azotea, algo increíble y que denota que aquí se maneja muchísima pasta. También hay que tener en cuenta que hasta hace una semana se han celebrado aquí, durante agosto, los Juegos Olímpicos de la Juventud, y eso habrá ayudado a invertir en infraestructuras.

Como curiosidades, hemos descubierto cómo les llaman por aquí a los churros, donuts españoles, y también que nuestro hotel está en un barrio que, como diría el amigo Pérez, está lleno de mujeres que fuman puros y te tratan de usted. Como no se puede fumar el todo el recinto, me he bajado solo a la calle a fumar un cigarro y nada más andar 20 ó 30 metros, un tió ya me ha dicho, en inglés, a ver si quería "disfrutar de sexo" con dos chinas minifalderas que andaban por ahí. Por cierto, la población china de aquí es la más maleducada con diferencia de toda la ciudad. En casi todos los sitios la gente es muy atenta, aquí son para echarles de comer a parte. Algún defecto tenía que tener la ciudad.

ASIA 2010 (13ª PARTE)

DÍA 13. 3 DE SEPTIEMBRE. LLEGADA A SINGAPUR

Hoy nos pegamos otro madrugón con el objetivo de llegar pronto y poder subir al skybridge de las Petronas (el puente que une las dos torres a unos 170 metros del suelo). Para las 7.15 ya estamos haciendo cola y hay ya unas 50 personas por delante. Después de esperar media hora, nos da por preguntar a qué hora dan los tickets y empiezan las visitas, porque para las 10.00 tenemos que estar en el hotel desyunados y con todo listo para partir. Nos dicen que a las 8.30 comienzan a repartir tickets y que a las 9.00 es la visita, así que, sintiéndolo mucho, decidimos no arriesgarnos y volvernos a casa con las orejas gachas. No es que nos muriéramos por subir, pero ya que estábamos ahí, no queríamos desaprovechar la oportunidad.

De regreso al hotel, nos damos otros festín en el buffet del desayuno y nos preparamos para marchar al aeropuerto, que, ya confirmado, está a 80 kilómetros de la ciudad, increíblemente lejos. Pagamos la estancia y pedimos allí un taxi. Nos dice que nos cobra casi 30 euros (120 RM), pero es que la carrera es muy larga y no nos apetece parar taxis por la calle, aunque nos salieran más baratos. El problema es que como en la ida nos cobraron 75, sólo teníamos algo más, 110. No le decimos nada al taxista hasta que llegamos al aeropuerto, ya que hay cajeros.

Al llegar, le damos los 110 y vamos al cajero, con tan mala suerte de que a MJ no le va la tarjeta. Entonces se queda ella con el taxista y voy yo. Tampoco me funciona ni la Visa ni la de débito, recorro parte del aeropuerto y encuentro otros cuatro cajeros de cuatro bancos distintos. Tampoco me funcionan y sale una alerta de que los extranjeros tengamos cuidado porque se duplican tarjetas. Así que vuelvo donde el taxista y le digo que es imposible sacar. Miramos y nos quedan cuatro euros, más de lo que le debemos, pero él no quiere euros, quiere que se los cambiemos. Voy a cambiarlos y me dicen que no aceptan monedas...., menudos sudores que pasamos. durante esa media hora. Y es que, lo que no es normal es que ni la VISA ni la otra tarjeta no funcionen, porque la gran mayoría de los extranjeros dependemos de ella en vacaciones, no te vas a llevar todo el dinero en efectivo por si te roban. Al final, logramos que el taxista aceptase los euros con nuestros mil perdones. Eso sí, los querrá para colección, porque no sé si podrá cambiarlos. Luego nos acordamos que nos queda moneda tailandesa, unos 25 euros, y que la podíamos haber cambiado para pagarle, pero en ese momento, con los nervios, el tío esperando con todos los bultos que llevamos, no se nos ocurrió.

Habíamos pasado la primera prueba, pero después de facturar las maletas, pasar el control de pasaporte y todo eso, seguíamos con la mosca detrás de la oreja. ¿Y si en Singapur tampoco podemos sacar pasta? ¿Qué hacemos los diez días que nos quedan por aquí? Probamos a comprar unas chocolatinas con la VISA y ahí sí que funciona, igual que al pagar el hotel en Kuala Lumpur. En definitiva, no entendemos nada de nada de lo que está pasando pero menuda gracia.

Hasta la tarde el día estuvo lleno de complicaciones, ya que, para colmo, se retrasó el vuelo. Fue apenas media hora y en 45 minutos estábamos en Singapur. Lo primero, antes incluso de recoger la maleta, fue ir al primer cajero automático que vimos. MJ prueba su tarjeta y le dice lo mismo que en Malasia, con lo que se nos hundía el mundo. Habría que llamar a la Caja, decirles qué no estaba pasando y que nos dieran una solución. Todo eso contando que es viernes, que en España eran las 7.00 de la mañana y no había nadie trabajando... Por si acaso, probamos mi tarjeta, y cuando apareció mi nombre en la pantalla y nos salió la opción de poder sacar pasta, sacamos para todo el viaje.


A partir de ese momento, todo sobre ruedas. Cogimos un taxi que en 15 minutos nos dejó en el hotel y dejamos los bártulos. El hotel, 81 Star, no tiene nada que ver con los anteriores. Es mucho más corrientucho y está en un barrio chino de la ciudad (distrito de Geylang, East Coast), pero por 30 euros la noche poco o nada puedes encontrar en Singapur, una ciudad llena de rascacielos, de Porsches y Ferraris que no había visto en mi vida tales modelos, de edificios que quitan el hipo, donde el tabaco vale casi 7 euros y la gasolina 1 euro, más del doble que en Bali. De todas formas, poco tiempo vamos a pasar en la habitación, ya que tenemos día y medio aquí y hay mucho que ver. Como curiosidad, Singapur es un país modernísimo, con una fuerte herencia cultural británica por su ocupación, pero demasiado estricto y con una intensa guerra contra el tabaco. Además de su precio, 8 veces más que en Indonesia o Tailandia, que son prácticamente limítrofes, apenas hay lugares en los que se pueda fumar. Se prohíbe hasta en la mayoría de los sitios de la calle, como en las colas del taxi por ejemplo. Y tirar una colilla al suelo tiene una sanción de 1.000 dólares singapureños, casi 600 euros (un euro, 1,7 dólares).

A algunos les puede parecer bien esta guerra al tabaco, pero es que también la hay contra el chicle. Por otros 600 euros te puede salir la broma. Se ve que antes las calles estaban llenas de chicles, así que para que todo está limpio, lo han prohibido. Y la verdad es que está todo limpísimo. Por esto también te meten buen palo si tirar algún papel al suelo. Pero lo mejor de todo es que te pueden sancionar con hasta 300 euros si no tiras de la cadena después de usar el baño en los sitios públicos..., vamos, un show que aquí se toman con humor en forma de souvenirs.


Lo primero que hicimos, tras coger un taxi por 3 euros a la zona de Little India, fue entrar en un par de centros comerciales llenos de electrónica y productos de fotografía del que había oído hablar, el Sim Lim Square y el Sim Lim Tower (éste tiene menos productos, pero es muy curioso, sobre todo las luces de neón que venden). Tras negociar con el vendedor, acabé comprándome un gran angular con macro extraíble para la cámara de fotos por 160 euros, rebajados desde los 235 iniciales que me pedía. El mismo lo habíamos visto en España por 240 euros y dos días atrás en Malasia por 230 y allí no se podía regatear, así que me lo quedé. Además, el hombre me limpió la cámara y me explicó un par de cosas interesantes. Al no llevar demasiadas referencias, es difícil comprar precios porque ahí las cosas no tienen precio, es regateo puro y duro. Pero la cámara que tengo yo, la Canon EOS 450, valía en esa tienda 400 euros de precio inicial (regateable cien por cien) y en España ronda ahora los 550. A mí me costó 670 hace un par de años. Vamos, que es un sitio recomendable. Además, nos dio la factura y en el aeropuerto nos devolverán otros diez euros, ya que Singapur es un puerto libre de impuestos, por eso es todo más barato. Al final, 90 euros que nos ahorramos y el resultado de las fotos es una pasada.


Después fuimos dando una vuelta por los lugares más espectaculares de la ciudad, el Chijmes, el Hotel Raffles, el monumento en homenaje a las víctimas de la ocupación japonesa del país (1942-1945), el City Hall y, lo mejor, la bahía, con su fuente del león echando agua y sus impresionante rascacielos, por no decir lo que impresiona la noria y, especialmente el Marina Bay Sands, hotel y casino que consta de tres rascacielos con un barco que corona los tres edificios. Algo espectacular, como la imagen de la bahía al anochecer, con todo iluminado. Por eso volvimos, increíble, después de cenar en un centro comercial en el que era dificíl saber dónde se estaba en cada momento, menudas dimensiones.

A la vuelta al hotel en taxi, el señor nos comentó por qué está la ciudad patas arriba, y es que hay muros de hormigón y vallas rodeando las calles principales. La razón es que el último fin de semana del mes se celebra aquí el Gran Premio de Fórmula 1. Por cierto, que hoy por la mañana hemos pasado también por el circuito de Sepang, en Malasia, que está justo al lado del aeropuerto.

viernes, 3 de septiembre de 2010

ASIA 2010 (12ª PARTE)

DÍA 12. 2 DE SEPTIEMBRE. KUALA LUMPUR

La noche no ha podido ir mejor, menudas camas que hay en este hotel. Nos levantamos a las 9.00 y por el despertador, ya que no queremos perdernos el buffet. Y eso sí que merecía la pena. Es tan grande que cuesta encontrar mucho las cosas. Hay como ocho zonas de comida, con todo lo que uno se pueda imaginar. Impresionante. Cuesta mucho elegir, y se nos llenan antes los ojos que el estómago, qué pasada.


 Nuestra única tarea hoy es descansar, así que después de desayunar, nos vamos tres horitas a la piscina a relajarnos gracias al jacuzzi. La gente baja a la piscina con el albornoz y las zapatillas que hay en la habitación, nosotros usamos las toallas que hay en las hamacas. La pena del día es que hay más claro que nubes. Justo después nos vamos a comer al mismo restaurante en el que cenamos ayer, hoy pollo y otra ensalada con postre, todo por 20 euros. Lo mejor es que cuando te acabas la bebida vienen los camareros, muy atentos, y te sirven. Al final me he empachado al beberme seis Nesteas fríos que estaban muy refrescantes, y es que la humedad y el calor es asfixiante. Todo por 2 euros.

Por la tarde volvemos a la piscina, damos una vueltilla por el hotel y salimos a cenar también a las Petronas. Por el camino, -hemos aprendido a llegar en diez minutos atravesando el Centro de Convenciones de la ciudad, otro edificio de lujo-, encontramos en la acera una señal de tráfico muy curiosa que alerta de los ladrones de bolsas. No está mal la alerta, pero se hace raro verla así, en forma de señal. Al final, como no hay mucha hambre, nos tomamos unos batidos de vainilla en el Mc Donalds buenísimos y grandes por 1 euros, y unos helados por poco más exquisitos: el mío es de chicle de fresa, piña con naranja y vainilla con trozos de chocolate; el de MJ es de galletas de chocolate y vainilla. Hay sabores muy raros y coloridos, y nos cuesta decidir.

Justo por una de las puertas de las Petronas se pasa a un bonito jardín, con un pequeño lago, en el que nos encontramos un espectáculo de chorros de agua. Como es de noche, es hora de estrenar el trípode, y la verdad es que las fotos son muy chulas. De regreso en el hotel, nos paramos a tomar algo en el hall, donde hay un cuarteto que canta de fábula canciones de toda la vida. Dentro hay otro espectáculo, y es que esto es una pasada. No tardamos en irnos a la cama, que mañana, para poder subir a la mitad de las Petrona y ver una panorámica de la ciudad, hay que madrugar mucho. Según le hemos entendido al guardia de seguridad, se empiezan a repartir tickets a las 7.00 y hasta que se acaban. Es gratis, pero el problema es que son muy limitadas la intención es madrugar, verlas, venir a desayunar y partir para el aeropuerto rumbo a nuestro siguiente destino, Singapur, donde estaremos dos días. A ver si nada se tuerce.

ASIA 2010 (11ª PARTE)

DÍA 11. 1 DE SEPTIEMBRE. LLEGADA A KUALA LUMPUR

Suena el despertador a las 3.00 de la mañana, después de haber dormido tres escasas horas, eso sí, muy a gusto. Desayunamos las provisiones compradas el día anterior, nos aseamos y terminamos de hacer las maletas. Dejamos Bali rumbo a Malasia. A las 3.30 estamos ya en recepción pidiendo un taxi, y cogemos uno que pasa por la puerta. En trece minutos estamos en el aeropuerto, da gusto porque a esas horas no hay tráfico en la zona de Legian-Kuta. El precio del trayecto está muy bien. En el hotel nos dicen 55.000 rupias (unos 5 euros) y el taxímetro, al no haber atascos, marca 35.000 (poco más de 3 euros).

Estar por esta parte del mundo es cada día una aventura, nunca sabes los contratiempos que te vas a encontrar, y eso, aunque al principio jode, también es estimulante. Nada más llegar al aeropuerto nos encontramos con el primer revés del día. Nuestro vuelo que salía a las 6.00 saldrá finalmente a las 7.00 porque sí, en la compañía nadie te da una razón, sino que sale a esa hora. Es el primer vuelo del día, aquí parece que de noche no hay llegadas ni salidas, y a todos los que vamos llegando se nos queda la misma cara de tontos. ¿Y qué le vas a hacer? Pues tomártelo con filosofía y resignación para acabar echando unas risas.

A esas horas, por cierto, no te dejan ni pasar el control de seguridad, que es lo primero que te encuentras al llegar a la puerta de acceso. Sobre las 4.30 empiezan a dejar pasar. Facturamos rápidamente, ya que la gente de Air Asia es, por lo que hemos visto, muy competente. Hay tres filas y dos trabajadores, mientras, ayudando a hacer el check-in en unas máquinas a otros pasajeros. Eso es eficiencia. Nosotros tenemos que abonar 180.000 rupias (16 euros) por las maletas, ya que cuando cogimos el vuelo por Internet había un problema para pagar con esta moneda y no dejaba comprar los billetes en la web habitual. Tuvimos que hacerlo a través de una filial.

En ese momento, y aunque algo nos sonaba, nos dice el chico, con cara sonriente, que para abandonar el país hay que abonar otras 150.000 rupias por persona (13,5 euros). Vamos que aquí, entre entrada y salida, te sacan unos 35 euros por barba. Eso, multiplicado por todos los turistas que hay, es un pastón; al menos podían invertirlo en mejorar las carreteras. Como no tenemos rupias suficientes, en el control de pago preguntamos por si se puede pagar en euros. Te dicen que sí, pero 16 euros persona (vamos, 2,5 euros más sólo por pagar en euros). Si es que, menudos negociantes están hechos… así pues, tenemos todavía más de dos horas de espera para coger el avión, que en tres horitas (Bali y Kuala Lumpur tienen el mismo uso horario) nos dejará en Malasia.
A las 7.00, con gran puntualidad, sale el avión de Bali, y en poco más de dos horas y media, antes de lo previsto, llegamos al aeropuerto de Kuala Lumpur. El viaje es cómodo, porque vamos dos en tres asientos y podemos estirarnos. Al igual que en Tailandia e Indonesia, rellenamos en el avión una carta de inmigración. Llegamos al aeropuerto, pasamos los controles de pasaportes, recogemos las maletas y cogemos un taxi en el Stand de taxis oficiales del aeropuerto. De allí, salimos fuera y en 100 metros están los taxis rojos y blancos con un controlador que validad el ticket que te dan en el stand. Hasta nuestro hotel son 74 ringgits malayos (un euro son cuatro). Parece caro, porque son un 18 euros, pero calculo que hay unos 80 kilómetros desde el aeropuerto, ya que después de 20 minutos de viaje aún quedaban 45 kilómetros a la capital.

Al final, tardamos como 50 minutos en llegar, y por el camino vemos que Malasia no tiene nada que ver con los sitios que hemos visitado antes. Es todo autopista, de tres carriles en cada sentido, y se ven casas de lujo. Llegando a la ciudad, impresiona el skyline de Kuala Lumpur, que parece Nueva York con las Torres Petronas y la Torre Menara dominándolo todo. Aquí, por cierto, también conducen por la izquierda y tienen el volante en la derecha, como en Tailandia e Indonesia, por su pasado colonial británico.


El hotel está a pocos metros de las Petronas, las torres gemelas más altas del mundo con más de 400 metros de altura. Y será, seguramente, el mejor hotel en el que hayamos estado de nuestra vida. Es todo ostentación de riqueza, además es nuevo, con fuentes, un hall todo de mármol más grande que la plaza principal de cualquier ciudad, seis ascensores lujosos, un teatro, gimnasio, piscina y jacuzzi… y la habitación es impresionante y tremenda. Pantalla plana, un baño gigante con tres estancias (wc, lavabo y ducha), aire acondicionado, una cama espectacular, vistas a la piscinas, albornoces y zapatillas para los huéspedes, minibar, cafetera, un sillón, un escritorio y hasta un peso para ver lo que hemos engordado estos días…, vamos con todas las comodidades y lujos que uno pueda imaginar, hasta nos han traído las maletas en el carrito a la habitación, como en Pretty Woman. No nos sorprendería que valiese la noche 300 ó 400 euros, pero al pillarla con tiempo son 69 euros incluidos los impuestos. Vamos, que tenemos que aprovecharla a fondo.


Tras estrenar la súper piscina, nuestra primera parada, casi obligada, son las Torres Petronas, visibles desde el hotel pero a unos 10-15 minutos andando. Entramos por uno de los muchos accesos al centro comercial que hay a ras de suelo y que tiene seis plantas. Es espectacular. Hay de todo, pero además de restaurantes de todo tipo, lo que más llama la atención es las tiendas de ropa y joyas más famosas del mundo: Gucci, Versace, Dolce & Gabanna, Bulgari…, y así hasta varias decenas. Lógicamente, poco se nos ha perdido por ahí, así que vamos a comer algo.


Encontramos un Pizza Hut y vamos a lo seguro, aunque comemos unos fritos de gamba, una lasaña de marisco y una pizza pequeña. Todo estaba buenísimo y lo mejor es que en cada mesa había una especie de mando portátil con tres botones: uno para llamar al camarero, otro para cancelar la orden y otro para pedir la cuenta. Muy curioso. Justo enfrente compramos un imán para la nevera (hacemos colección y ya tenemos unos cuantos) y damos una vuelta por el edificio mirando las tiendas. Encontramos una de fotografía, pero los precios de los objetivos son parecidos a España, y acabamos comprando un minitrípode, que queríamos hacía tiempo, por 5 eurillos.

De allí decidimos echar a andar, tras fotografiar las torres, hacia la zona del barrio Indio y Chinatown. El problema que tiene esta ciudad es que todo son rascacielos y, al no saber, nos cuesta rodearlos. Luego vimos que muchos tienen entrada y salida al otro lado para los viandantes, pero eso sería por la noche. Vemos la Torre Menara y después de un rato más andando decidimos coger un taxi para ver todo antes de que anochezca. Aunque estamos como a medio kilómetro, hay un atasco y nos cuesta llegar media hora. El taxista nos avisa al montarnos que serán 5 euros por el atasco. Al final llegamos y vemos la mezquita de Masjid Jamek y el edificio Sultan Abdul Samad, uno de los más fotografiados de la ciudad y que merece la pena ver por su especial estilo arquitectónico.

Justo al lado está el Central Market, lleno de tiendas y conocido como Little India por los miles de indios que viven por esa zona. Hay muchas artesanías y baratas, pero lo que más nos llama la atención es otra cosa que ya vimos en un reportaje sobre Kuala Lumpur y que lo regentaba una pareja de chinos dentro del mercado. Es una pequeña piscina en la que metes los pies y al segundo te vienen decenas de peces que te comen las pielecillas y te hacen una limpieza de pies y piernas en toda regla. Vale 5 RM diez minutos (poco más de un euros) y nos animamos jaleados por otros turistas que salen en el momento. Al principio te hacen una cosquillas increíbles, parecen como pequeñas descargas eléctricas e impresiona, pero luego se pasa un buen rato, y lo cierto es que los pies brillaban.

La gente por esa zona, como en toda la ciudad, es simpatiquísima, igual que en Tailandia. Y no sólo en los hoteles y restaurantes, cualquier que pares por la calle a preguntarle algo, te indica con una sonrisa en la boca y te lo explica con pelos y señales. Por cierto, aquí hablan todos inglés y perfectamente. Al salir vimos también varios puestos donde hacían unos retratos perfectos, aunque un poco caros, y un mercadillo con ropa tirada, casi toda de deportes, así como relojes, sedas y unos dulces que tienen una pinta buenísima.

A pocos metros encontramos el templo de Sri Maha Mariamman, esta vez hindú. Y es que, aquí la mezcla de culturas, razas y religiones es la pera. Hay chinos, indios, muchísimos musulmanes, también bastantes occidentales bien vestidos (el distrito financiero es una pasada con todo rascacielos) y, por supuesto, malayos. Al templo sólo entro yo, ya que hay que entrar descalzo y uno de los dos tiene que sacrificarse. Además, yo voy con calcetines y, por cuestión de higiene, me toca. Sólo la entrada ya merece la pena, con la decoración super colorida y llena de figuritas que hay. Al entrar, toda la decoración es similar. Se ve que hay una ceremonia festiva, la gente va vestida de gala y están preparando una merienda o cena. También merece la pena, aunque el olor es un tanto fuerte, por decirlo con sutileza.

Justo al lado está Chinatown, la parte más sucia de la ciudad por lo que hemos visto. Damos una vueltilla, nos volvemos al hotel a cambiarnos y volvemos a las Petronas a cenar, esta vez comida mexicana y una ensalada, que ya había ganas. Ni que decir tiene que si Kuala Lumpur es bonita de día, de noche quita el hipo con todos los edificios iluminados, especialmente las Petronas. Y, además, están construyendo más rascacielos, así que se ve que aquí se maneja muchísima pasta.

Al llegar al hotel, vemos en un cartel que dentro, en uno de los salones, hay un encuentro con el ministro de Turismo de Indonesia y el de aquí; mañana, además, se celebrará el 65 aniversario de la República Socialista de Vietnam, también aquí. Eso habla de la categoría. También los pedazo de Ferraris aparcados en la puerta, los periodistas cubriendo la noticia en el hall o que el jefe de cocineros del hotel salga en la tele a todas horas como uno de los tres mejores chefs de la ciudad. Casi nada. Pronto nos vamos para la cama, que con la pinta que tiene, tantas almohadas de plumas entre otras cosas, se tiene que dormir de muerte. Mañana será un día mucho más tranquilo.

martes, 31 de agosto de 2010

ASIA 2010 (10ª PARTE)

DÍA 10. 31 DE AGOSTO. BALI

Hoy es nuestro último día en Bali, pero tenemos por delante muchas horas para disfrutar de las playas y del ambiente que hay por aquí. Nos despertamos para las 9 después de una buena noche en un hotel tan cómodo como éste, el Tanaya Bed and Breakfast. Y como su nombre indica, el desayuno está incluido, aunque no es muy variado. Hoy toca un pequeño bocadillo vegetal, eso es obligado, y después te dan zumo, café y una ensalada de fruta. Vamos, que tampoco nos podemos quejar.

Nos arreglamos para ir a la playa, que está a unos cinco-diez minutos del hotel en línea recta. La playa es gigante, aunque hay unas olas que hace que está la bandera roja. Aun así, nos metemos unos metros, ya que los surfistas están por ahí danzando (por cierto, si quieres hay un montón de monitores que te pueden enseñar, aunque no hemos preguntado precio. Quizá si estuviéramos más días, nos animaríamos). Hay un montón practicando, igual la mitad de los que estamos ahí. Lo bueno es que en la arenas no hay apenas gente, y eso que no son las primeras horas de la mañana. Tenemos para nosotros solos más de 100 metros cuadrados, lo que es una gozada. Además, el agua está limpísima, se ve el fondo y es de color azul casi turquesa. No tanto como en el Caribe, pero se le acerca. Además, como hay olas gigantes, hace que sea más divertido.


En un par de horas nos bañamos tres o cuatro veces, y es que el calor aprieta, así que nos rociamos de arriba debajo de crema protectora. En definitiva, pasamos una mañana de máximo relax para cargar las pilas antes de cambiar de destino, además de darnos un pequeño paseíllo por las playas. De allí nos vamos al hotel, nos duchamos y nos vamos a buscar un sitio para comer antes de regresar a la playa. Ya tenemos un cierto tono morenillo. Antes, eso sí, tengo que llamar por teléfono a mi abuela, que cumple los años. Que no se me olvide, que cumpla muchos más y que siga tan guapa.

La tarde la hemos pasado también en la playa hasta las 18.30, aunque por ratos se nublaba. Aun así, ya estamos bastante rojos de un día de playa, así que cuando vayamos a Phuket, si no llueve, vamos a estar tostados. Lo mejor de toda la tarde ha sido la puesta de sol, increíble. Los tonos de luz en el horizonte daban mucho juego para hacer fotos, contraluces y demás. No sé ni cuántas hemos hecho, pero nos vamos con más de 2.000 sólo de Bali. En total superamos con creces las 3.000 en apenas diez días de viaje.

Más tarde hemos ido a dar una vuelta, a comprar algo, un reloj muy chulo por pocos euros (en algunos sitios te pedían 100 euros por una falsificación, son unos frikis), y a cenar por 10 un par de hamburguesas. También hemos visto el monumento conmemorativo que hay a pocos metros del hotel por las 200 víctimas del atentado que hubo aquí en el año 2002 en una discoteca. Ponía los nombres de todas las víctimas y su nacionalidad; la gran mayoría eran australianos.

Nos hemos ido pronto al hotel porque mañana hay que volver a madrugar un montón, a las 3.00 de la madrugada, teniendo en cuenta que el vuelo sale a las 6.00 hacia Kuala Lumpur. Nos vamos con un poco de pena de no haber disfrutado más de esta zona playera, pero no nos daba tiempo y había que ver el resto de la isla. Legian, situada junto a Kuta, es una ciudad con cientos de tiendas de todo tipo donde puedes comprar prácticamente de todo. Tampoco hemos podido darnos un masaje balinés, pero teniendo aún ocho días por delante en Tailandia, nos daremos allí unos cuantos.

Como curiosidad, nos ha sorprendido que a las diez de la noche aún estaban unos obreros currando para arreglar una carretera en medio de la ciudad. También, que en muchos sitios te venden botellas de vodka rellenadas de gasolina por si tienes una urgencia, supongo que sobre todo en el caso de las motos. Por lo demás, hoy no ha habido ningún percance de intentar timarnos, y la gente con la que hemos tratado ha sido, en la inmensa mayoría de los casos, muy cordial y simpática. Hablando entre nosotros dos, hay consenso: la isla es una pasada de sitio, súper bonita y con unos paisajes increíbles, y además no es muy grande, por lo que se puede recorrer entera en pocos días. En su contra, lo que decía del continuo intento de rascarle el bolsillo al turista, muchas veces con malas artes.


En Tailandia no hemos visto nada de eso. Tú, por ejemplo, le decías a un taxista tu destino, negociabas el precio y si no había acuerdo, el tío se iba. Aquí te dicen que sí y, luego, cuando te han dado el servicio, llega la sorpresa. ¿Es Bali un lugar recomendable? Quizá sea obligado visitarlo una vez en la vida por su belleza, pero eso sí, estando todo el día con pies de plomo y preparando dinero para repartir por todos los sitios, cuales Reyes Magos de oriente. Nosotros, lo tenemos claro, no creo que volvamos, todo lo contrario que a otros muchos sitios en los que hemos estado.
Eso sí, sus paisajes son inigualables, mucha de su gente también. Quizá con el tiempo lo veamos todo con otros ojos.